Obtenga nuevos artículos por email:

Educando sin gritos parte II

Publicado por admin en

Después de llevar algunos meses en este proceso de “no gritar, ni explotar.” Siento que tengo más dominio propio. Comprobé que lo mismo que decía o pedía cuando explotaba, ahora lo digo calmada, serena y es mejor recibido. El ambiente en casa es mejor porque esto lo estoy aplicando hasta con mi esposo (que a veces es como un 3er hijo ;)).

Sin embargo, empecé a tener un dolor muy fuerte en el cuello y en los hombros que me generó dolores de cabeza y dificultad para acomodarme en la cama y dormir. Primero, pensé que era algún ejercicio que estaba haciendo. Paré ese ejercicio. Después, pensé que era el colchón. Cambié el colchón. Cuando empecé a tomar relajante muscular, pensé: “Que raro que ahora que estoy más calmada, siento mi cuerpo más estresado“. Analicé un poco la situación y me di cuenta que aunque estaba logrando controlarme, dentro de mí seguía generandose esa explosión por “x” o “y”. Ya no explotaba, pero esa tensión se estaba acumulando en mi cuerpo. 

Tratando de buscar una solución, empecé hacer una rutina de oración diferente. No tanto de hablar y pedir, sino de relajarme, descargarme, oírme y oír a Dios. Esto me esta ayudando mucho. Pero, me di cuenta que tenía que ir al origen de la explosión y tratar de eliminarlo. Entonces decidí hacer un listado de las situaciones que generaban esta explosión. Les di un grado de importancia y las divide en dos: –Las que puedo cambiar y -Las que no puedo cambiar. Al final de este ejercicio, me di cuenta que muchas cosas realmente no eran importantes y me estaba desgastando por cosas que por más que me parara de cabeza no iban a cambiar porque no dependían de mi. En esa misma lista habían cosas que si podían cambiar y decidí que me iba enfocar en esas cosas.

También como producto de todo esto, he logrado oír más mi voz interna, entenderme y conocerme un poco más en mi papel de madre. En mi caso que soy mamá full-time hay días que no tengo la misma paciencia y no es culpa de mis hijas. Hay muchos factores externos que nos agotan y muchas necesidades insatisfechas que afectan nuestro grado de paciencia y tolerancia. En mi caso, si logro sacar un poco de tiempo para mí (15-20%) y para mi esposo (10%), el 70% que dedico a mis hijas lo disfruto más y con más paciencia. Así estoy logrando mi equilibrio en este momento. Claro! no estoy con los porcentajes ideales, pero se que en el camino se equilibrarán las cargas.

En general, el resultado de todo este ejercicio a sido muy positivo. No solo para mí, que soy la primera beneficiada, sino para mi familia. Hay cosas que hacen parte de los niños y que son necesarias para su desarrollo y nosotros como padres debemos aceptarlo y bajar un poco nuestros estándares de exigencia y perfección con ellos. ¿Cuantas veces como padres perdemos la paciencia con comportamientos como: reguero al comer, algún escape de pipi o popo, pataletas, llanto, travesuras, desorden?. Si todo esto pasa, no es porque como padres algo estemos haciendo mal. Simplemente son niños y están aprendiendo a vivir a su ritmo. ¿Vale la pena desgastarnos con cosas que no tienen mucha trascendencia y que al final van a pasar?.  De la actitud que tomemos frente a cada situación, dependerá que nuestro día a día sea más fácil o más difícil. Pidamos paciencia, paciencia y más paciencia.

18/Mayo/2016


0 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *