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Mi nivel de paciencia de 0 a 10: Menos – 1!

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Si algo la vida me viene exigiendo en estos último años es PACIENCIA. No un poco, mucha! Como soy disciplinada con las tareas, he trabajado en ese tema. En uno de los post de educando sin gritos hablé de esto. A propósito tuve que releerlo y volver a poner algunas cosas en práctica.

Sin embargo, aún sabiendo que si dedico tiempo de calidad para mí, mis niveles de paciencia serán mayores. En los últimos meses no lo he logrado. He tenido muchas cosas que resolver y rutinas que ajustar. Pero, principalmente, aunque me cueste aceptarlo, me estaba evitando.

Suena raro, ¿me estoy evitando? Sí! No les ha pasado que tienen esa vecina cansona que prefieren evitar porque “que pereza encontrársela”? Pues así me estaba pasando. Tenía mucha pereza de encontrarme esa “Yo” que me iba a empezar a contar cómo se sentía y todo sus rollos y conflictos emocionales… Que pereza!! No quería oírla.

Por lo anterior, esa “Yo” no me contó nada de lo que le pasaba. Yo hice como si todo estuviera bien. El problema era que no estaba bien. Siempre en la vida hay cosas que duelen, que dan rabia, que necesitan salir de nuestro interior. Pero cómo esta vez no le permití hablar, ni llorar, ni escribir, ni pintar, se quedó con todo adentro.

Saben qué paso? “El cuerpo grita lo que la boca calla”. Qué cierto! Pocas veces mi cuerpo tiene que hablar porque me esfuerzo mucho en sacar lo que siento, pero en estos últimos meses quería ignorar todo lo que me pasaba, pensando que así desaparecería.

Pero no! No funciona así lastimosamente. Me estuve enfermando frecuentemente, lo que para mí fue la primera señal que algo no estaba bien. Otra señal fue mi nivel de paciencia. Creo que nunca estuvo tan bajo en los últimos años. Qué difícil es vivir en una ciudad caótica como Bogotá, ser mamá (educando sin gritos), esposa y CEO de mi familia. Todos estos roles sin gota de paciencia. Es terrible! Era como tener que estar controlando un perro rabioso a toda hora que quería pelear hasta con la sombra.

A veces es bueno intentar otros caminos para comprobar que por dónde íbamos, íbamos bien. Estar cara a cara con nuestros sentimientos y enfrentar lo que sentimos no es un camino fácil. Puede ser agotador cuando tenemos muchas situaciones que nos demandan inteligencia emocional. Sin embargo, es más saludable que ignorarnos y evitarnos.

Te pregunto: ¿Ignorar lo que sientes va hacer que desaparezca?; ¿Estás muy malgeniada y/o impaciente?; ¿Cómo estas durmiendo?; ¿Cómo está tu salud física?. Todas estas respuestas te dan una visión de cómo estás por dentro.

Dedica tiempo a oírte. Acepta lo que sientes. Saca todo eso que te afecta y no te deja respirar en paz. No importa lo que toque hacer, con quien toque hablar o la ayuda que toque buscar. Nunca es tarde para aprender a administrar mejor tus emociones. Invierte en tu salud emocional. Tu cuerpo y tu paciencia te lo agradecerán!


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